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El grafógrafo

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Salvador Elizondo 

(México 1932-2006)

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Cuaderno de escritura

 

Hay ciertos recuerdos que constituyen una experiencia de la memoria sin la experiencia de la experiencia.

La poesía amorosa es una de las grandes necedades de la literatura de Occidente: es una carta sin destinatario.

El lenguaje sólo puede expresar la imposibilidad de expresar.
El lenguaje es la única expresión del imposible.
Por lo tanto el lenguaje es conocimiento.

La muerte quizá, el olvido, la nada, es lo que media entre la sensación y el hecho que la produce.

El conocimiento, como tal, es una palabra que denota lo imposible; o el imposible de la razón.

… El lenguaje no puede expresar el conocimiento, sino sólo la posibilidad de conocimiento.

Conocer es lo imposible a lo que tiende lo necesario.

El abismo subsite. Es una brecha infranqueable entre el conocimiento intuitivo — válido como conocimiento — y la verdad.

La poesía es una forma de conocimiento ajeno a la razón.

El silencio es una de las manifestaciones más profundas del alma.

El fundamento de toda poesía es la concepción no-empírica del mundo. Esto significa que el poeta actúa como si no fuera un hecho incontestable que mañana va a salir el sol.

Siempre que encuentro a alguien que tiene por principio manifestar, aunque sólo sea de una manera retórica, la alegría de vivir, experimento la sensación inquietante de estar ante alguien que trata de engañarme.

Nuestras pasiones se enriquecen de lo incomprensible. Si las analizamos nos quedamos desiertos de ellas.

El orgasmo es la medida de nuestras limitaciones temporales. Nada expresa tan rigurosamente el carácter efímero de las sensaciones y de la vida corporal.

El cuerpo es el ámbito en el que lo antagónico se vuelve idéntico.

El amor es la nostalgia del asco.

Existen ciertos desarreglos de los sentidos que son la evidencia de que la intoxicación es une estado superior de la lucidez.

La locura es un estado de lucidez superior provocado por el conocimiento de la esencia del mal.

Fin de la obra de arte (quizás): expresar las fuentes del delirio.

El sabio aspira a una lucidez total; el poeta a una lucidez superior.

La muerte es un instante de soledad más intensa que la vida.

La muerte se produce, tal vez, en el instante en que la vida llega a su punto de máxima intensidad.

Todo amor requiere de una lucha feroz contra el recuerdo.

Todos tenemos que soportar el peso de una ausencia: la ausencia del Yo, la ausencia de Dios, la ausencia de un amor, la ausencia de la realidad. Tratamos de colmar este hueco con palabras y con pensamientos; también con acción. Lo único capaz de colmar esa ausencia es la muerte y, aunque nos percatamos de ello, aunque tenemos esa certidumbre, nuestro juicio funciona de tal manera que esta verdad le parece informulable, inaceptable, falsa.

En todo poeta se oculta la obsesión de un cineasta.

El tiempo es la conciencia de él.

Somos, quizás, la actualización de un presagio.

La soledad es la medida de todas las cosa; fundamentalmente porque es nuestra propia medida.

Si consideramos demasiado tiempo el misterio que representa el espejo en que nos miramos, tarde o temprano volveremos la mirada hacia el infierno que está detrás de nosotros.

No cabe duda de que el aforismo es una de las formas más elevadas de la escritura literaria. La esencia de este género y su excelencia suprema residen en el hecho de que leyendo aforismos nos es imposible leer entre líneas. Un aforismo es lo que leyendo otros géneros creemos leer entre líneas.

Todos los grandes intentos literarios son intentos de concretar la experiencia de la muerte. Ello demuestra el carácter imposible de la literatura.

Un niño es la muerte al revés.

El infierno es la falta de costumbre.

Hubiera querido crear, si hubiera sido pintor, una pintura para ser vista sólo en la penumbra o a la luz de la luna.

La belleza es lo que, encontrado en la vigilia, emite una sensación semejante a aquella que nos hace conscientes de la realidad que contienen los sueños.

La mitad de la población del mundo es de chinos que están soñando a la otra mitad que somos los demás.

La locura es la persistencia del ideal romántico en nuestro siglo.

 

Selección de aforismos de Salvador Elizondo

en Cuaderno de escritura 

Vuelta, 1992

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