Tag Archives: poesía latinoamericana

Olvido

Olvido es como un canto
que, libre de compás y medida, vaga.
Olvido es como un pájaro cuyas alas se reconcilian
extendidas e inmóviles,
un pájaro que costea el viento infatigablemente.

Olvido es lluvia de noche,
o una casa vieja en un bosque; o un niño.
Olvido es blanco, blanco como un árbol devastado,
y puede aturdir la sibila en profecía,
o quemar los dioses.

Yo puedo recordar mucho olvido.

Leónidas Emilfork
(Santiago de Chile 1943)

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Olvido

Olvido es como un canto
que, libre de compás y medida, vaga.
Olvido es como un pájaro cuyas alas se reconcilian
extendidas e inmóviles,
un pájaro que costea el viento infatigablemente.

Olvido es lluvia de noche,
o una casa vieja en un bosque; o un niño.
Olvido es blanco, blanco como un árbol devastado,
y puede aturdir la sibila en profecía,
o quemar los dioses.

Yo puedo recordar mucho olvido.

Leónidas Emilfork
(Santiago de Chile 1943)

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Bronca Buenos Aires

Amor Buenos Aires

Entré en vos como si fuera una tarde calurosa
terminamos el crepúsculo entre abrazos largos
anduvimos buscando el vino a tientas
derramamos y llegó la borrachera
pero después
después vinieron los silencios largos
como apuñalados
o apuñalándonos.

Con la noche
curamos los secretos
y nos besamos la boca con la saliva más nueva.
Desde entonces, salgo con la oscuridad
y te hago las señales convenidas.

Se vino el río
fue como decir:
el viento tiene aromas amarillos
el aire es de color violeta
el martes es el tercer día de la semana
me decido y te lo cuento
no sé vivir conmigo mismo
no sé vivir
y no sabemos.

En la garganta duele la saliva seca
pero de a poco vamos envejeciendo nuestras carnes
y llegamos al odio cuando venimos del amor
y somos fracasados transeúntes permanentes
caminantes de este miedo
el mío
el de nosotros.

La ciudad vacía

Primero fueron los puñales
y después vino la orilla y toda la amargura
de un malevaje que se estaba yendo
entre un golpe de baraja
y alguna una muerte casual
que uno había prometido.

Llegaron todas la broncas y migrantes
y trajeron la historia y la leyenda
derramaron el idioma por la calle
y de a poco
se fueron adueñando del lenguaje.

Y después se fueron los boliches
el estaño se apago como las velas
el vino empezó a tomarse con apuro
y alguien dijo amor en una esquina del centro
y se olvidaron del tango y el compadre

Entonces
entonces la ciudad se fue poblando de vacíos
ya nadie conversaba como antes
el ruido del mateo se quedó en Palermo
y llegó el rumor de muerte para el barrio.

Ahora nadie se acuerda pero dicen
que Buenos Aires tiene el bandoneón anclado
una guitarra milonga por Pompeya
y un hambre proletario apuñalado.

Jorge López Ruiz, Bronca Buenos Aires (1970)

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Juan Luis Martínez

El Oído

a L. v. B.
(Study for a conversation piece).

1. ….. El oído es un órgano al revés; sólo escucha el silencio.
2. ….. Si el oído no fuera un órgano al revés, es decir, un órgano hecho para escuchar
……… el silencio, sólo oiríamos el ruido ensordecedor que producen las galaxias,
……… nebulosas, planetas y demás cuerpos celestes en sus desplazamientos a
……… través de los enormes espacios interestelares.
3. ….. Los sonidos, ruidos, palabras, etc., que capta nuestro oído, son realmente
……… burbujas de silencio que viajan desde la fuente emisora que las produce hasta
……… el órgano receptor de silencio que es el oído.

 

 

Silogismo Homenaje A Rene Crevel “El Más Buenmozo De Los Surrealistas”

 

(ORATE PRO NOBIS): .. a, b y c.

“La muerte es el más azul de los caminos”.
René Crevel

a. ….. La muerte es un camino azul.

b. ….. Todos los caminos son la muerte.

c. ….. Luego, todos los caminos son azules.

 

NOTA:

“Tao” significa propiamente camino. Primitivamente esta palabra se usó para designar el curso de las estrellas en el cielo. Es el concepto fundamental de la filosofía china y es equivalente al “Logos” griego, y sin embargo, fundamentalmente distinto

 

 

¿Qué será de mi nada?

¿Qué será de mi nada? Yo fui todo ella cuando ella era mi todo y yo no era todavía. Me recuerdo no recordar ser ella misma. Antes de volver a ella, me pregunto: ¿será ella más ella ahora ya sin mí? ¿O acaso en su ninguna parte, en su perfecto no-ser le falta mi pequeño yo, la gota que la colme para volver al no-ser de sí misma, a nuestra conjunción negativa?

 

Poemas de Juan Luis Martínez (Chile, 1942 – 1993)

Para ver más de su obra, puedes hacer click aquí

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SAER

Escribo a mano. Cuando uso la máquina de escribir tengo la impresión de escribir desde fuera; de allí la utilidad de la máquina para pasar en limpio un borrador. Pero para el primer flujo la escritura es, en mi caso, esencial. Se me replicará que finalmente la lapicera es una “máquina”, un objeto extraño, cuyo manejo exige un aprendizaje tan largo y especializado como el de la máquina de escribir. Pero conviene notar que si estoy sentado delante de la máquina, mi cuerpo está derecho y rígido y mis dedos se deslizan rápidamente sobre las teclas, mientras que si escribo a mano incorporo el instrumento, tomándolo entre el pulgar y el índice, haciéndolo pasar en el ángulo así formado, apoyándolo en el borde del dedo medio y en el ángulo interdigital, contra el hueso de la mano; y al mismo tiempo el tronco y la cabeza que se inclinan sobre el cuaderno, la mano derecha que se desliza sobre la hoja, el antebrazo derecho que se apoya en el borde de la mesa, y el izquierdo que mantiene inmóvil el cuaderno abierto sobre su margen superior, forman una especie de esfera donde el cuerpo recibe el útil y lo envuelve como en un capullo. La punta de la lapicera sostenida de esa manera deja sobre la página blanca trazos de nuestro propio cuerpo (porque en definitiva todo sale de ese cuerpo), más inclinado, en su intimidad, a librar su secreto. El cuerpo es un paradigma del mundo y por decir así, lo contiene. Cuando levanto la cabeza para echar una mirada alrededor, si quiero describir lo que veo, el paso por el cuerpo de los elementos de mi visión es ineludible, porque es a través de este pasaje que el cuerpo puede hacerlos descender, transformados por su alquimia, a la pluma. Sin mi cuerpo, el instrumento no es nada; es un objeto inerte, paradigma, a su vez, si se quiere, de un mundo inhumano.

[…]

La escritura, en el sentido grafológico, perfectamente individualizada, lleva las marcas del cuerpo que le ha sembrado en la página. Y ese cuerpo, cuyos innumerables signos pueden seguirse en los trazos de lo escrito, se deposita poco a poco, a lo largo de los años, en la obra que es, según la vieja denominación latina, también ella, un corpus. Escribir es así una especie de traslado en que lo vivido pasa, a través del tiempo, de un cuerpo al otro.

de El concepto de ficción
Juan José Saer
(Argentina 1937-2005)

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