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Elqui Burgos

RES MISTICA
ah
nacer 2 veces
mirarse en el espejo
y descubrir
que salvo tú en este instante
cuerpo mío
todos los dioses son barro destruido
pero qué manera de olvidarme
qué manera de engañarse
y ser sólo vuelo
pluma de sol
y jamás ala de nada

GLORIOSI CORPORIS
el cuerpo es memoria
una simple lata de conserva
ahí estoy anterior a mi nacimiento
agallas de pez
corazón palpitante y cálido de lagarto
panza arriba escrutando
un cielo azul
azul
y ciego y a oscuras
con los ojos del alma
nunca vi arcángeles
que entre nubes de arena revoloteando
junto a mí me acompañaran
solo este cuerpo y su sombra
clavado
en el centro de 3 desiertos
el cielo / el mar
y yo
solitaria locura solar
brizna de mi nada y mi todo
ah este fabuloso querer sólo tú mi sol encarnado
no otro querer sino tú mi locura y mi límite
tú mi abismo y mi risa de mono
no otro sufrir sino tú mi llaga y mi pena
tú mi comercio con la palabra
nada es bello fuera de ti
nada sin saber leer
mi flor de escritura
plural en carne viva
nada si vivo mal en mi cuerpo
ah y ser sólo este cuerpo
huevo cósmico
/ ombligo y mentira
que abre los ojos
como quien descubre
por vez primera
el mundo

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Olvido

Olvido es como un canto
que, libre de compás y medida, vaga.
Olvido es como un pájaro cuyas alas se reconcilian
extendidas e inmóviles,
un pájaro que costea el viento infatigablemente.

Olvido es lluvia de noche,
o una casa vieja en un bosque; o un niño.
Olvido es blanco, blanco como un árbol devastado,
y puede aturdir la sibila en profecía,
o quemar los dioses.

Yo puedo recordar mucho olvido.

Leónidas Emilfork
(Santiago de Chile 1943)

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Olvido

Olvido es como un canto
que, libre de compás y medida, vaga.
Olvido es como un pájaro cuyas alas se reconcilian
extendidas e inmóviles,
un pájaro que costea el viento infatigablemente.

Olvido es lluvia de noche,
o una casa vieja en un bosque; o un niño.
Olvido es blanco, blanco como un árbol devastado,
y puede aturdir la sibila en profecía,
o quemar los dioses.

Yo puedo recordar mucho olvido.

Leónidas Emilfork
(Santiago de Chile 1943)

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Bronca Buenos Aires

Amor Buenos Aires

Entré en vos como si fuera una tarde calurosa
terminamos el crepúsculo entre abrazos largos
anduvimos buscando el vino a tientas
derramamos y llegó la borrachera
pero después
después vinieron los silencios largos
como apuñalados
o apuñalándonos.

Con la noche
curamos los secretos
y nos besamos la boca con la saliva más nueva.
Desde entonces, salgo con la oscuridad
y te hago las señales convenidas.

Se vino el río
fue como decir:
el viento tiene aromas amarillos
el aire es de color violeta
el martes es el tercer día de la semana
me decido y te lo cuento
no sé vivir conmigo mismo
no sé vivir
y no sabemos.

En la garganta duele la saliva seca
pero de a poco vamos envejeciendo nuestras carnes
y llegamos al odio cuando venimos del amor
y somos fracasados transeúntes permanentes
caminantes de este miedo
el mío
el de nosotros.

La ciudad vacía

Primero fueron los puñales
y después vino la orilla y toda la amargura
de un malevaje que se estaba yendo
entre un golpe de baraja
y alguna una muerte casual
que uno había prometido.

Llegaron todas la broncas y migrantes
y trajeron la historia y la leyenda
derramaron el idioma por la calle
y de a poco
se fueron adueñando del lenguaje.

Y después se fueron los boliches
el estaño se apago como las velas
el vino empezó a tomarse con apuro
y alguien dijo amor en una esquina del centro
y se olvidaron del tango y el compadre

Entonces
entonces la ciudad se fue poblando de vacíos
ya nadie conversaba como antes
el ruido del mateo se quedó en Palermo
y llegó el rumor de muerte para el barrio.

Ahora nadie se acuerda pero dicen
que Buenos Aires tiene el bandoneón anclado
una guitarra milonga por Pompeya
y un hambre proletario apuñalado.

Jorge López Ruiz, Bronca Buenos Aires (1970)

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The song of the needles

Needles have the sudden beauty
of a first line.
They’re always new and surprising
as they burst from their paper covering.
They sing as they hit the air.

You catch sight of them
out of the corner of your eye,
glinting softly to themselves
as they contemplate their next move.

What they’re suggesting is inspired,
but a certain sadness
attends their description
of what is going on.
You don’t know whether to look away,
or accept what they’re saying.

If you’re lucky you’ll feel a pop
as one of them enters your fistula
and a cool feeling of recognition
spreads up through your arm.

By Hugo Williams
(UK, 1942)
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