Tag Archives: literature

Canción de tumba

“Mónica tiene dos hermanos: Diego y Paulina. Diego es arquitecto y Pau abogada. Diego está casado con Orli, quien se dedica a hacer estudios de mercado para una agencia de publicidad. Pau está casada con César, un financista que en su tiempo libre juega fut y cata vinos. Diego y Orli tienen dos hijos: Gal y Yan. Pau y César, una niña: Regina. A Joaquín, mi suegro, lo he visto unas cuatro o cinco veces solamente. En cambio, con Lourdes, mi suegra, he podido entablar una amistad visceral: un amor más allá de la etiqueta. Todos ellos viven en la ciudad de México. De vez en cuando vamos a visitarlos, nos orquestamos para ir juntos a la playa, o ellos vienen a pasar las navidades a Saltillo.

Es raro, eso: cortar el pavo, golpear piñatas, contar velitas en compañía de entrañables desconocidos… Es raro. No solo para mí sino para cualquiera. No hay forma de ser humano, suficientemente humano, sin sentir a la vez un impulso semejante al de los pepinos de mar: ganas de escapar arrojándole tus tripas al vecino. Si logramos que no ocurra esto cuando estamos en familia es por un instinto más radical que el miedo: el amor. El miedo actúa como un mamífero. El amor, en cambio, como un virus: se injerta; se reproduce sin razón; se adueña de su huésped egoístamente sin consideraciones de especie, taxonomía o salud; es simbiótico. El amor es un virus poderoso.”

Julián Herbert, Canción de tumba 

Tagged ,

Elsa

I
Yo no quiero decir cómo es ella. Si digo que es rubia se imaginarán una mujer rubia, pero no será ella. Ocurrirá como con el nombre: si digo que se llama Elsa se imaginarán cómo es el nombre Elsa; pero el nombre Elsa de ella es otro nombre Elsa. Ni siquiera podrían imaginarse cómo es una peinilla que ella se olvidó en mi casa; aunque yo dijera que tiene 26 dientes, el color, más aun, aunque hubieran visto otra igual, no podrían imaginarse cómo es precisamente, la peinilla que ella se olvidó en mi casa.

II

Yo quiero decir lo que me pasa a mí. ¿Y saben para qué?, pues, para ver si diciendo lo que me pasa, deja de pasarme. Pero entiéndase bien; me pasa una cosa mala, horrible: ya lo verán. Sé que por más bien que yo llegara a decirla, ocurrirá como con la peinilla y lo demás; no se imaginarán exactamente cómo es lo malo que me pasa; pero el interés que yo tengo es ver si deja de pasarme tanto lo malo que se imaginarán, lo malo que en realidad me pasa.

III

Elsa no es precisamente una de las tantas muchachas que no me aman: ella no me amará dentro de poco tiempo, porque ahora ella me ama. Nos hemos visto muy pocas voces; ella está muy lejos; nuestro amor se mantiene por correspondencia; pero yo tengo la convicción, yo afirmo categóricamente, yo creo absolutamente -ya explicaré ampliamente por qué tengo esta fiebre de afirmar- yo vuelvo a afirmar que dada la manera de ser de ella, dejará muy pronto de amarme, porque ella no podrá resistir el amor por correspondencia. Yo sí, pero ella no.

IV

De lo que ya no existe, se habla con indiferencia o con frialdad; pero yo hablo con dolor, porque hablo antes de que deje de existir y sabiendo que dejará de existir: recuérdese cómo lo afirmé.

Cuando espero algo, siento como si alguien -llámese Dios, destino o como quiera- tratara de demostrarme que la cosa que espero no llega o no ocurre como yo esperaba. Entonces, cuando yo tengo interés en que una cosa no ocurra, empiezo a pensar que ocurrirá, para burlarme de ese alguien si la cosa llega u ocurre, para hacerle ver que yo la preveía; y él por no dar su brazo a torcer no me da ese gusto y la cosa ocurre; pero he aquí que al final triunfo yo, porque precisamente lo que más deseaba era que no ocurriera. También debo decir que ese alguien suele sorprenderme dejándose burlar, y que yo triunfe aparentemente y quede derrotado íntimamente: pero esto ocurre las menos de las veces.

Para ser franco, diré que yo no creo en ese alguien, que a ese alguien lo creamos, y para crearlo lo suponemos al revés y al derecho. Pero cuando nos encontramos frente a un gran dolor, volvemos a pensar al revés y al derecho por si llega a ser cierto que existe. Ahora yo pienso que a lo mejor existe, y que a lo mejor no da su brazo a torcer, y por llevarme la contra hace que no ocurra lo de que ella deje de amarme, puesto que yo afirmo que ocurrirá. Así mismo tengo temor de que ese alguien se deje vencer y la cosa ocurra como en las menos veces: pero yo tengo más esperanza del otro modo: al revés que al derecho. Tendría esperanza aun cuando viera que estoy a punto de que ella no me ame; pues con más razón tengo esperanza ahora que ella me ama normalmente.

Bueno, en total quiero dejar constancia de que tengo la convicción, de que afirmo categóricamente, y que creo absolutamente, que Elsa se diferencia de las demás muchachas, en que ninguna de las otras me ama, y que ella dejará muy pronto de amarme.

Felisberto Hernández (Uruguay, 1902-1964)

Tagged ,

Bolaño

Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.
Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11.Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Roberto Bolaño (Chile 1953-2003)

Tagged , , , , ,

Truismes

Todo el invierno de la Tierra estalló en mi boca, no me acordé más ni de lo que me quedaba por vivir ni de todo lo que había vivido, se hizo como una bola en mi interior y lo olvidé todo, durante un momento indefinido perdí la memoria. Comí y comí. Las trufas tenían el sabor de las charcas cuando se hielan, el gusto de las yemas encogidas que aguardan el regreso de la primavera, el gusto de los brotes tensos y a punto de estallar en la tierra fría, y la fuerza paciente de las futuras cosechas. Y en mi vientre notaba el peso del invierno, el ansia de encontrar un revolcadero y de adormecerme y de esperar. Cavé con las cuatro patas, hice caca, me revolqué en ella y formé un estupendo agujero oblongo lleno de gusanos recién despiertos y de alverjas en germen. La tierra caldeada empezó a humear a mi alrededor, me tumbé y apoyé el hocico en las patas. Los terrones de tierra rodaron por mi espalda y me quedé allí mucho tiempo. El sol del amanecer me acarició el hocico. Olfateé el paso de la Luna al caer al otro lado de la Tierra, se levantó viento por la noche y me llegó un olor como a arena fría
[…]
Me dejé caer de nuevo en él. Con todo mi cuerpo giré de nuevo siguiendo la rotación del planeta, respiré con el cruce de los vientos, mi corazón latió con la masa de las mareas chocando contra las orillas, y mi sangre fluyó con el peso de las nieves. El contacto con los árboles, los perfumes, los humus, los musgos y los helechos puso en movimiento mis músculos. Sentí latir en mis arterias la llamada de los demás animales, el enfrentamiento y el acoplamiento, el atrayente perfume de mi raza en celo. El ansia de vivir levantaba olas bajo mi piel, me venía de todas partes, como un galopar de jabalíes en mi cerebro, como un estallar de rayos en los músculos, me venía de lo más profundo del viento, de lo más remoto de las razas. Notaba en lo más hondo de mis venas la zozobra de los dinosaurios, la saña de los celacantos, me impulsaba hacia delante el saber que esos enormes peces estaban vivos, no sé cómo explicarlo ahora y ni siquiera sé ya cómo sé todo eso.

Fragmento de Marranadas
de Marie Darrieussecq (Francia, 1969)

Tagged , , , , ,

Borges

Autorretrato de Borges después de quedar ciego, dibujado en el sótano de la Strand Bookstore, en Nueva York.

Tagged , , , , , , ,